Iglesia de San Francisco

Sobre la Iglesia, hay que decir que consta de una sola nave de planta rectangular, cuya cubierta se resuelve mediante una bóveda de cañón rebajada compartimentada en cinco tramos por medio de arcos fajones, presentando al exterior una cubierta a dos aguas de tejas árabes. En su interior, dicha bóveda presenta una decoración bastante sobria, con yeserías del s. XIX, así como tres orlas  que representan motivos franciscanos (concretamente, la Cruz de Jerusalén, el Escudo o Símbolo Franciscano de la Cruz y la mano con el estigma y la sangre y finalmente, las cinco Llagas de Cristo) y que se sitúa, en el arco triunfal que da acceso al presbiterio. Luego, a los píes de la Iglesia, encontramos el coro alto, sobre una doble arquería de columnas toscanas de mármol sobre pedestal que soportan arcos peraltados. Por otro lado, la cabecera o presbiterio, será el lugar donde está comprendida la Capilla Mayor, de planta cuadrada y su cubierta se resuelve mediante una bóveda semiesférica sobre pechinas, presentando al exterior una cubierta de tejas a cuatro aguas.

La portada de la Iglesia, comunica con el atrio de esta y data de principios del s. XIX, construida en ladrillo, se compone de un vano adintelado entre columnas sobre pedestales, adosadas al muro, que a la vez, soportan un entablamento coronado por un frontón curvo roto sobre el que se eleva un monte Calvario con la cruz, hecho en ladrillo y  sobre éste  se dispone un azulejo con la imagen de Ntra. Sra. De los Dolores.

El Atrio, sufre importantes remodelaciones en el s. XIX, aunque actualmente podemos destacar su pavimento de pizarra y sobre todo un Via-Crucis, realizado en azulejos de Triana del XVIII y donado al convento por un grupo de devotas en 1775, como reza en la inscripción conmemorativa que acompaña este conjunto; aunque lamentablemente, faltan algunas estaciones. Finalizando con el exterior, la portada que da acceso a la calle, resulta bastante simple, con una ornamentación sencilla, se compone de un vano adintelado entre pilastras que soportan un entablamento decorado por triglifos y coronado por una hornacina rematada en un frontón triangular que alberga la imagen de San Francisco.

En el interior de la Iglesia se encuentran numerosos retablos e imágenes, entre los que destaca el Retablo Mayor, donde se observa la intervención de la familia lebrijana de retablistas, imagineros y ensambladores de los Navarros. Se realizó en la década de los cuarenta del s. XVIII, por Matías José Navarro y está dedicado a San Francisco. Está compuesto por un banco de altar, un cuerpo principal dividido en tres calles a través de estípites, rematando dicho conjunto un segundo cuerpo o ático, que viene separado del primero por una cornisa de líneas discontinuas, que imprime movimiento y dinamismo a la obra. En dicho retablo, ocupa un lugar central el camarín o manifestador de la Inmaculada (advocación franciscana, por excelencia) con Santo Domingo y San  Buenaventura a ambos lados; más arriba, en un pequeño camarín está San Diego de Alcalá, más arriba aún, se representa la impresión de las llagas de San Francisco, junto a San Juan de Capistrano  y San Bernardino. En los extremos de este primer cuerpo de disponen los escudos heráldicos de D. Bartolomé Halcón de Cala y D. José de Villegas y Bazán, marqués de San Gil, patronos del convento y enterrados a finales del XVIII a los pies del altar Mayor (ambos benefactores de dicho convento, proporcionaron significativas donaciones, sin las cuales no hubiese sido posible, emprender las importantes obras que se realizan en la época, y los franciscanos en agradecimiento, o ellos mismos se encargaron de perpetuar su memoria, disponiendo sus escudos heráldicos en los extremos del altar mayor). El ático, muestra una gran cruz central y acaba rematando tanto dicho ático, como todo el conjunto la paloma blanca, que representa al Espíritu Santo.

Además del retablo mayor y a ambos lados de éste, se encuentra dentro del mismo presbiterio, el altar dedicado a San Francisco de Asís en el muro de la Epístola o izquierdo y otro dedicado a Santa Clara en el muro del Evangelio o derecho. En este muro, el del Evangelio, se encuentra la Capilla de Los Dolores, a la que se accede por medio de dos arcos de medio punto enormes, abiertos en el muro y entre ambos arcos, en la nave principal se encuentra un altar dedicado al Cristo de las Ánimas (que tras el deterioro que presentaba a mediados del s. XX, se sustituyó por la imagen actual). Más adelante, ya hacia los pies de la Iglesia se encuentran dos hornacinas donde están expuestas Santa Rita y Santa Clara. Por último, volviendo al muro de la Epístola o izquierdo, hay que mencionar que entre la Capilla de San Antonio y la puerta que comunica con el claustro del convento, se encuentra un altarcito o retablo, dedicado a la Virgen del Carmen y ya junto a los pies y bajo el coro un cuadro enorme de San Cristóbal, algo muy común en las iglesias lebrijanas.

 

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